Por: Elga del Valle Enlazó en su mano la larga, ondulada y negra cabellera. Mientras le susurraba al oído cuánto le amaba, iba dibujando una línea en su cuello con la punta de una navaja. La mujer emitía un sonido gutural mientras se desangraba. La dejó caer en el suelo. Tomó su mano izquierda, le colocó el anillo en el anular y le dijo: ni la muerte nos va a separar. Tomó la nueve milímetros y se colocó el cañón en la boca…